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La noche del 25 de febrero se vivió un hecho histórico en la trayectoria más reciente de nuestra democracia. Por fin, después de casi 15 años, los ciudadanos españoles hemos recuperado uno de los aspectos que muchos consideran “esenciales en la democracia”: un cara a cara entre los principales candidatos a la presidencia del Gobierno.

Nos encontramos ante dos oponentes, dos rivales algo nerviosos, incluso agresivos en algunos momentos, que discutieron, en este largo e intenso debate, los principales temas de tensión que encontramos en nuestra sociedad, convirtiéndolo finalmente en una larga lista de reproches.

Entre la gran cantidad de aspectos que se trataron, uno de los temas más candentes fue el de la vivienda. Ambos candidatos coincidieron al considerar este tema como un reto para el futuro, aunque finalmente el conflicto se quedó en la crítica y la defensa de la gestión del Gobierno del Partido Socialista.

Mariano Rajoy expresó su preocupación a cerca del problema de la vivienda y encaminó su crítica hacia la subida del precio que cifró en un 43%, y hacia el aumento de los intereses de las hipotecas que, según sus palabras, se han duplicado durante el gobierno de Zapatero. Denunció también la falta de viviendas de alquiler, apuntando como causa las pocas garantías jurídicas y económicas para los propietarios.

El líder del Partido Popular acusó de forma muy crítica a Rodríguez Zapatero de haber hecho demasiadas promesas al crear el Ministerio de Vivienda, promesas tales como un plan para favorecer la emancipación de los jóvenes, pero que, según el jefe de la oposición, quedaron en nada. De hecho, argumentó que han “sabido que la Sociedad Pública de Alquiler tiene 1.200 pisos vacíos que está pagando”, lo cual consideró “una vergüenza, y definió la gestión del Ministerio como un “fiasco total”, gestión donde destacó planes como el de los minipisos o las soluciones habitacionales.

Por su parte, Rodríguez Zapatero, contundente, defendió su gestión atacando la de la anterior legislatura del Partido Popular, en la cual, según sus palabras, el precio de la vivienda llegó a un máximo histórico, en comparación con su Gobierno, en el cual se está tratando de recuperar la normalidad y ha decrecido hasta alcanzar una subida del 4,8 por ciento.

La defensa del Presidente de la política de vivienda de su Gobierno se encaminó hacia ensalzar la construcción de viviendas de protección oficial, prometiendo 150.000 viviendas nuevas cada año de la próxima legislatura, así como hacia el plan de ayudas para el alquiler, del que, según él, se beneficiarán más de 350.000 jóvenes de los 200 euros mensuales. Sin embargo, Rajoy las políticas de los socialistas como un “espectáculo grotesco”.

En definitiva, la vivienda fue un punto fuerte y polémico dentro del debate entre los dos principales candidatos ya que tienen muy claro la envergadura del problema en nuestro país y la gran cantidad de puntos que se pueden ganar con sus promesas electorales. De hecho, la vivienda es parte esencial de ambos programas electorales; los dos partidos preparan proyectos muy atractivos para cautivar al electorado, desde la promesa de 1.500.000 viviendas protegidas nuevas en los próximos 10 años de Zapatero y su plan centrado en un mayor acceso y posibilidades de emancipación, hasta los proyectos de “Hipoteca joven” e “Hipoteca familiar” o de creación de unos Juzgados de la Vivienda de Rajoy.